Sofrosina Crear nuevo artículo

Ayer recibí una carta que hacía referencia a un acontecimiento que tuvo lugar hace ya casi un año: el 4 de diciembre de 1951. Mi corresponsal no lo habia olvidado, dudo que nadie lo haya olvidado. Me refiero a la noche en que un autobús arremetió contra una columna de cadetes de la marina real y mató a 24 de ellos. ¿Lo recuerdan? Mi corresponsal me hace varias preguntas. Sencillas, pero fundamentales:

¿Dónde estaba Dios aquella negra noche? ¿Por qué no lo impidió? ¿No se supone que Dios es bueno y que nos ama? ¿Quiere Dios que suframos? ¿Y si la respuesta a esa pregunta fuera "sí"?

No creo que Dios quiera exactamente que seamos felices: quiere que seamos capaces de amar y ser amados. Quiere que maduremos. Y yo sugiero que, precisamente porque Dios nos ama, nos concede el don de sufrir. O, por decirlo de otro modo, el dolor es el megáfono que Dios utiliza para despertar a un mundo de sordos. Porque somos como bloques de piedra a partir de los cuales el escultor poco a poco va formando la figura de un hombre. Los golpes de su cincel, que tanto daño nos hacen, también nos hacen perfectos.

Tierras de Penumbra (1993). Richard Attenborough